lunes, 7 de abril de 2014

El diálogo tónico postural: La trama del cuerpo y el lenguaje

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El término “diálogo tónico”, acuñado por el Dr. J. de Ajuriaguerra (1979), implica para nuestra disciplina un concepto imposible de eludir al momento de enfrentarnos a la práctica clínica. Cada bebé o niño llega a nosotros con una historia, que aunque pueda relatar o no verbalmente, debemos ser capaces de leer, tanto en el discurso de los padres, como en el lenguaje corporal y gestual del niño cómo se está constituyendo ese sujeto psicomotor.
A partir del recorrido histórico que se hace del pequeño, el psicomotricista se aproxima al punto inicial de la construcción del cuerpo y de la estructuración del lenguaje necesario para comprender mejor a quién va dirigida la práctica psicomotriz y así establecer con mayor especificidad una intervención acorde. Entendiendo que el niño da cuenta, en su organización tónico-postural, en su juego, en su funcionamiento psicomotor y en el lenguaje que expresa, de aquello vivido en el encuentro con el otro a través del diálogo tónico postural.
¿Por qué considerar el “diálogo tónico postural” más un concepto que un término? Porque encierra en sí mismo una idea, una manera de concebir al sujeto desde sus orígenes.
Pensar el concepto del diálogo tónico postural como la trama inicial del cuerpo y el lenguaje, es poder ahondar en el valor que asume este primer vínculo primordial y necesario de un niño con sus padres o quienes cumplan sus funciones.

Para que el diálogo tónico postural se desarrolle, deben estar presentes dos partes imprescindibles y complementarias, ambas con participación activa, por eso hablamos de “diálogo”. Se hace referencia a los padres, cada uno en el ejercicio específico de su función[i] y al niño con todo lo que trae al nacer: tono, postura, actos reflejos, miradas, sonrisas, llanto, gestos, sonidos y todo lo que conforma la actividad espontánea.
Indiscutiblemente el ser humano nace en un estado de prematurez funcional, lo que hace depender al recién nacido de los otros cuerpos adultos que albergan, nutren y manipulan su cuerpo, creando y regulando (según normas socio-culturales) las condiciones externas referentes al medio donde el niño vive, crece y aprende. A pesar de este estado, el niño cuenta tanto con una organización neurobiológica particular propia de la especie humana, como así también posee desde el comienzo la capacidad de generar un complejo sistema de comportamientos[ii], que aunque contrastan con su limitada capacidad motora, consecuencia de su equipamiento neuromotor inmaduro (implicando la falta de dominio postural, de control tónico-motriz) sumado a la ausencia de la palabra, lo habilitan para satisfacer tanto sus necesidades físicas como psíquicas. Que haya ausencia de palabra no significa que el bebe no comprenda, lo hace desde la prosodia de la Lengua, no desde lo lingüístico propiamente dicho, que porta la afectividad e intencionalidad de quien habla, utilizando su capacidad para interpretar las producciones corporales de los otros: los gestos, las miradas, las variaciones posturales, los diversos matices y tonalidades de la voz, es decir toda la información no verbal. El niño es sensible a esta información y reacciona a nivel tónico postural y emocional, logrando establecer una comunicación fluida con el ambiente familiar, que incita y prepara al niño para lanzarse a la expresión verbal.
Así establece sus primeras relaciones en dos niveles: por un lado en función de sus necesidades orgánicas, las que se manifiestan corporalmente a través de sucesivas transformaciones tónico-posturales vinculadas a estados de tensión o distensión relativos a la incesante alternancia necesidad-satisfacción. Y por otro lado, también le será preciso satisfacer necesidades de orden psíquico, que implican las muestras de ternura (caricias, palabras, risas, besos y abrazos), verdaderas manifestaciones espontáneas del amor parental y familiar. Estas conductas de orden emocional, afectivo, verbal y de manipulación sumadas a las modificaciones del tono del bebé y  los ajustes posturales entre él y los otros, son las que constituyen y organizan el diálogo tónico postural[iii]. Por eso la fusión afectiva primaria deja inevitablemente su impronta en la contextura tónica de los músculos, expresándose a través de la función postural.  Tono y motricidad llevan en sí los primeros trazados de las reacciones emocionales y afectivas jugadas en el vínculo con el otro.
Vale aclarar que gracias a la distensión del tono, que sucede a la satisfacción de la necesidad, el eje del cuerpo y la función postural no solo actúan como medio de expresión sino también como receptáculo sensible a lo que viene del exterior. Así pues durante el diálogo tónico postural se ponen en juego de manera dinámica tres aspectos del cuerpo descriptos por Bergés (1974). Por un lado, el “cuerpo receptáculo” recibe lo que proviene del exterior, es decir, las cosas que resultan agradables, desagradables, los cambio de temperatura, de posturas, el contacto del otro, su voz, su mirada, etc. - Para que el cuerpo tenga este papel de receptáculo, la función tónica tendrá que ser competente para recibir el cuerpo del otro-. Por otro lado, se pone en juego el “cuerpo expresivo” que denota posturas, gestos, imitaciones, actitudes, diversas maneras de hacer, que captan la atención del otro y lo invitan a ingresar a un juego vincular. Y por último el “cuerpo envoltura” que se considera el límite entre el exterior y el interior, entre lo propio y lo de los otros, disponiéndose un borde respecto del cuerpo, que permite de este modo conocer los límites de sí mismo e incorporar los de los demás.
La dialéctica de la demanda, la oferta y el deseo estará instalada desde este primer diálogo afectivo. Cuando el otro da sentido, codifica[iv] la acción del niño, al hablar de la función (no como un hecho biológico) adopta una posición interrogativa preguntándose sobre lo que le sucede, a través del lenguaje. Permitiendo que aquello que hace el bebé no sea tomado como un signo fijo (por ejemplo interpretar que cuando llora solo tiene hambre), sino que tenga valor significante. De este modo, enlaza estos significantes al cuerpo, introduce lo simbólico en la función vía las palabras que la sostienen y crean el funcionamiento corporal del niño. Es decir que, a través de las palabras donadas por los padres, las actividades del niño también cobrarán sentido para él.
Este pasaje vital del cuerpo orgánico al cuerpo psicomotor, se conquistará mediante las caricias, la mirada, el sostén, el habla libidinizada y la escucha expectante, que el otro le brinda al bebe, ya que la condición de todo cuerpo humanizado es ser real, discursivo, simbólico e imaginario[v].
En esta relación de los padres con el cuerpo, irán ligando la sensación con una acción, que será vehiculizada por la palabra la cual sostiene y anticipa. Sensación, acción y palabra se funden para “comprender como la palabra mueve, la sensación habla y la acción toca” (Calmels, 2003:15). Es decir, el adulto transmite desde instantes muy tempranos, a través del diálogo tónico postural, que la palabra, la voz, el movimiento y el gesto están entrelazados en un mismo acto, demostrando en cada ocasión como el cuerpo y el lenguaje son indisociables uno del otro.
El diálogo tónico postural se desarrolla dentro de un “espacio transicional” (Winnicott, 1951), que se caracteriza por ser un campo potencial intermedio entre la realidad interior o personal y el mundo real. Este tercer campo, donde se ubica también el juego y donde la palabra circula, implica tanto la realidad interior del otro como la del niño, entramándose ambas en una realidad temporo-espacial común. Por eso durante los intercambios en la alimentación e higiene y los juegos corporales, es donde se desarrolla todo un proceso de asimilación y acomodación entre los cuerpos, un ajuste postural a través de las fluctuaciones del tono. No solo a través de la armonía se plantea el diálogo tónico postural, sino que también lo concebimos con asimetrías, desarmonías y diferencias que marcan tanto al cuerpo del niño como el de los padres.  La asimetría de la relación es causa del estado de prematurez del bebe, en contraste con la de los padres que cuentan con todo una estructura neurofisiológica y psíquica que los sostiene y permite ofrecerle al niño toda una estructura simbólica transfiriendo su propia posición funcional a sus funciones. La desarmonía comienza por la falta relativa de sincronización del ritmo parental y del ritmo del niño, que implica para él un estimulo esencial que lo lleva a demandar, apelando al otro para satisfacer sus necesidades, Un ejemplo serían los juegos de presencia-ausencia o los tiempos de espera entre lo que el niño demanda y el otro le ofrece, que hacen que esta relación no sea, afortunadamente, “perfecta”.
Las fallas concernientes al ambiente le permiten al niño frustrarse y de esta manera, gracias a la adquisición de experiencias, utilizar las herramientas necesarias que le permitan atenuar estas diferencias y tolerar las frustraciones. Incrementando su mundo simbólico e imaginario en función de que la diferencia se torne constitutiva, estructurando su aparato psíquico e incentivando su deseo. Esta diferencia constitutiva, le permite al niño distinguirse de los demás, situando en la diferencia la propia subjetividad.
Dentro de este “espacio transicional” se ponen en juego dos campos tónico-posturales y actitudinales que arman un recorrido original “cuyas fronteras solo reconocen, por un lado, los límites de la creatividad y de la imaginación, pero por el otro, solo pueden extenderse en el espacio dibujado por la riqueza de movimientos del niño” (Jerusalinsky, 1988:60). Todo lo que acontece en este vínculo amoroso es creativo, único, especial, transformando a los participantes en cada encuentro. Así, lo constitutivo del diálogo es que está dirigido hacia alguien, está destinado afectivamente y conlleva una motivación de orden comunicativo.
Es importante destacar que lo que se instaura desde los primeros años de vida, en el transcurso de esta relación tónica, discursiva, afectiva y emocional, es un rasgo permanente con el que el niño entra en relación con el mundo. Por eso a través del diálogo tónico postural,  vínculo primario y gestante del cuerpo y el lenguaje, la presencia del otro dona un espacio, una posición simbólica, una imagen, a través de palabras, melodías, miradas y caricias, dejando una huella constitutiva en el bebe. Estas huellas vinculares crean la materia prima que el niño, camino de su propia formación, tomará como trama para tejer su historia personal, creando a través del diálogo tónico postural una matriz afectiva, de aprendizaje[vi] y de comunicación, para encontrarse con los otros.

En suma, se considera al diálogo tónico postural como el primer vínculo esencial entre el niño y  sus padres o quienes cumplan sus funciones. A través de esta relación corporal, emocional y afectivo, que toma como escenarios los juegos corporales y  los contactos diarios, es donde el niño entrelaza la estructura biológica al lenguaje produciendo el desarrollo psicomotor. El cuerpo y el lenguaje se articulan en el eje de la subjetividad, encontrando en el diálogo tónico postural el espacio apropiado para hacerlo. Tenemos que destacar sus dos componentes, por una lado el diálogo como instrumento del lenguaje que porta los sonidos de la Lengua (que el niño percibe antes de hablar él mismo), constituyéndose como función más primitiva y permanente de comunicación, estableciendo una comunión, un vínculo emocional inmediato entre el bebe y el otro anterior a toda relación intelectual ya que crea la participación, combinando el gesto expresivo y la sensibilidad, produciéndose una acomodación simultáneamente motriz y mental e instaurándose el lenguaje de la afectividad a través del movimiento y la postura.
Por el otro, es en la función tónica y postural, dónde la estructura tónica queda determinada por la intensidad con la que se viven las primeras reacciones tónico-emocionales, inscribiéndose una historia y una manera de ser particular. De la misma forma la función motriz ya no significará solo movimiento y tono, sino que asume un verdadero valor de gesto y actitud, al haber otro que codifica las diversas manifestaciones tónico-posturales del bebe.
El diálogo tónico postural es capaz de entretejer en sí mismo el nivel perceptual, motor, cognoscitivo, operatorio y afectivo. Como afirma Ajuriaguerra (1979), cada palabra está preparada, y de alguna manera, en gestación orgánica en una actitud, en una postura o en un gesto que el niño, al percibirlo, incorpora; encontrándole una resonancia anticipada.
Además este vínculo se define por dos características opuestas pero complementarias. Por un lado el niño necesita de las semejanzas, las identificaciones y la armonía en la relación con sus padres y el mundo que lo rodea, pero le será necesario experimentar las asimetrías, la desarmonía y las diferencias para poder reconocerse como un individuo respecto de los demás. El otro nos enseña que el cuerpo es elemento fundamental de relación, que es historia evolutiva y subjetiva. Que es uno separado del resto, pero que forma parte de un entramado social que nos hace estar presentes.
Por lo tanto, es a través del diálogo tónico postural que se gesta una modalidad de ser y estar en el mundo, un modo de relacionarse con los otros y de aprender y comunicarse con el cuerpo atravesado y envuelto por el lenguaje, organizándose de esta manera el funcionamiento psicomotor y la matriz afectiva, de comunicación y de aprendizaje, con la que enfrentaremos el mundo que nos ha tocado habitar.


Bibliografía:
Ø  Anzieu, D. y otros. (1981) Psicoanálisis y lenguaje. Del cuerpo a la palabra. Buenos Aires. Kapeluz.
Ø  Bergés, J. (1998) Estructuración psicomotriz  y aprendizaje. Presentado en la Asociación Argentina de psicomotricidad. Buenos Aires. (Inédito).
Ø  ________  (1998) La díada no existe. Asociación Argentina de Psicomotricidad. Buenos Aires. (Inédito).
Ø  _________ (1978) Postura y comunicación. Comunicación presentada en las jornadas de trabajo A.R.P.L.O. Hospital Henri Rousselle.
Ø  ___________ (S/D) Armonía- Desarmonía. Desarmonía de evolución y desarmonías cognitivas.

Ø  Calmels, D. (1990) Del sostén a la trasgresión. En cuadernos de psicomotricidad y educación especial  nº 1. Buenos Aires: Elité.
Ø  Chokler, M. (1998) Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.
Ø  De Ajuriaguerra, J. (1982). Ontogénesis de las posturas: yo y el otro. En de J. Ajuriaguerra, Cuerpo y comunicación.  Madrid: Pirámide.
Ø  ______________ (1979) Manual de psiquiatría infantil. Cuarta edición. Barcelona. Toray-Masson.
Ø  ______________ y Angelergues R. (1962) De la psicomotricidad al cuerpo en la relación con el otro. En revista La Hamaca. Buenos Aires.
Ø  González, L. (1996) La constuctividad corporal. En Pensar lo psicomotor. Buenos Aires.
Ø  Jerusalinsky, A. (1988) Aspectos constitucionales del bebe y su influencia en la relación madre-hijo. En A. Jerusalinsky, Psicoanálisis del autismo. Buenos Aires: Nueva Visión.
Ø  Levin, J. (2002) Tramas del lenguaje infantil. Buenos Aires: Lugar.
Ø  Tosquelles, F. (1973) Desarrollo de los intercambios madre-hijo durante la primera infancia. En F. Tosquelles, Maternaje terapéutico con deficientes mentales. Barcelona: Nova Terra.
Ø  Winnicott, D. W. (1998) Los bebés y sus madres. Barcelona: Paidós.
Ø  _____________  (1960) La relación inicial de una madre con su bebe. En D. W. Winnicott  La familia y el desarrollo del individuo.
Ø  _____________ (1951) Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona: Laia.





[i] No hablamos solo de la función materna, sino que incluimos y damos importancia a la función paterna, ya que la pareja parental conforma el primer núcleo social y vínculo esencial afectivo que contiene al bebe, el que le da amor, confianza y seguridad.

[ii] Comportamientos de orientación, búsqueda, manipulación, desplazamientos, retracción, defensa, etc.
[iii] Uno de los principales momentos donde se juega este dinamismo entre las necesidades orgánicas y psíquicas (afectivas) es en el acto de amamantamiento o alimentación, que no solo es un acto nutricio sino que es un acto constitutivo para el bebe. Pues, entre otras cosas, están implicados el sostén que le dará la confianza y la seguridad en sí mismo y en el mundo exterior, la donación de posturas, miradas, gestos, palabras, melodías y la acomodación de los ritmos primarios del niño con el mundo-otro.
[iv] Se habla de codificación y no de decodificación, ya que los padres inscriben en el código del Lenguaje al niño. Un código socio-cultural que posee sus propias leyes y en donde se constituyen el cuerpo y el Lenguaje. A través de esta codificación, los padres significa las modificaciones tónico-posturales del niño, dándoles valor de gestos, emociones y actitudes.
[v] El cuerpo pertenece a un universo imaginario anudado al real y al simbólico. Cuando el niño llama al otro, en ese tiempo de espera entre la demanda y la satisfacción, el niño evoca aquello que desea, llenando esa espera con imágenes haciéndola más tolerable. El otro libidiniza la imagen del niño a través de su deseo y se presta como espejo identificatorio en el cual el niño se podrá reconocer. El poder de la imagen reside en que el otro anticipa al niño su unidad, que podrá conquistar luego de pasar por el “Estadio del espejo” (Lacan, 1984). Gracias al pasaje por este estadio, el pequeño descubrirá que lo vivenciado como fragmentos en realidad forman parte de un todo, estas piezas se entrelazan para conformar su cuerpo. La imagen del cuerpo se construye cuando el niño en el encuentro con el espejo, vislumbra que lo que ve es él mismo y logra armar la concordancia entre la imagen visual del cuerpo y el cuerpo kinestésico. Es a partir de esta unificación especular que se conforma el esquema mental del cuerpo, que organiza al niño en su actividad.

[vi] A través del diálogo tónico postural también se constituye una “matriz de aprendizaje” (Quiroga, 1988),  un modelo interno primario desde donde se va armando la actitud del y para el aprendizaje. Una modalidad relativamente estable de acción, pensamiento y sensibilidad para captar, ubicarnos y operar en el campo de la realidad y del conocimiento. “Se aprende por necesidad o por miedo, se aprende por amor, por identificación, con placer o con sufrimiento, con libertad y con sumisión, el aprendizaje es siempre el producto de un proceso vincular, aprendemos siempre para otro, con otro o contra otra” (Quiroga, citado en Chokler, 1998:72).

www.revistadepsicomotricidad.com agradece públicamente a Lucila Levin por enviar este artículo desde Buenos Aires, Argentina. 
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