lunes, 22 de diciembre de 2014

El Espejo en el Otro. La Imitación, una Intervención Corporal.





“Juguemos a que tú eres la Reina roja, minino ¿Sabes?, creo que si te sentaras y cruzaras los brazos te parecerías mucho a ella. ¡Venga, vamos a intentarlo! Así me gusta… Y Alicia cogió a la Reina roja de encima de la mesa y la colocó delante del gatito para que viera bien el modelo que había de imitar (...)”

A través del Espejo, de Lewis Carrol.

INTRODUCCIÓN

Pocas cosas hay tan placenteras para un niño, que reproducir lo que el adulto hace. Desde muy temprano (si nada interfiere en su desarrollo) llega a imitar su sonrisa, gestos, posturas, que el adulto resignifica incorporando al niño o niña al linaje familiar.
Como se ha mencionado, cuestiones corporales señalan cuál es su origen ascendiente. Estos aspectos ligados al papel de la cultura, y al proceso por el cual el “cachorro” deviene en humano, nos hacen suponer que imitar, es una parte fundamental del proceso de humanización, necesario para poder crecer y desarrollarse.
Por otro lado, el concepto de “imitación” ha sido ampliamente abordado por diversas disciplinas y ciencias. Desde la Antigüedad hasta nuestros tiempos ha sido motivo de debate entre filósofos, psicólogos, pedagogos y, en definitiva, entre estudiosos de todas las épocas y culturas. Su poder tampoco ha pasado desapercibido en el mundo del Arte, en el que hasta los autores más originales han conservado elementos de sus predecesores. Desde los estudios clásicos de la Pedagogía y la Psicología, hasta las investigaciones más actuales, se ha considerado que la imitación de la conducta es una de las formas más poderosas de aprendizaje en nuestra especie, fundamental para sobrevivir en una realidad bio-psico-social continuamente cambiante; pero también para ser el motor de los cambios, para modificar nuestros pensamientos y nuestro entorno de forma creativa.
Nuestra intención es partir en la búsqueda, sin arribar a conclusiones absolutas, tal como hacía Alicia en el País de las Maravillas. Si recordamos el libro de Lewis Carol (1865), ella iba detrás del conejo blanco, buscando y preguntando. Esa es nuestra idea, y terminar reflexionando acerca de “la imitación” en la práctica del Psicomotricista, ubicandola dentro de las intervenciones posibles. Para ello realizaremos un repaso por el proceso evolutivo de la misma, luego estableceremos la especificidad de “la imitación” como intervención, y finalmente trataremos de ilustrar nuestro argumento con dos viñetas, que nos llevan a las reflexiones finales.

RECORRIDO EVOLUTIVO DE LA IMITACIÓN.

Para Piaget, según Ravera Verdesio (2012), en el primer mes no hay imitación. Luego, hasta el cuarto, para que haya imitación es necesario que se vayan modificando los esquemas reflejos para que surjan nuevas modelos que permitan nuevas formas de  asimilación a un esquema circular adquirido.
Llorca y Sánchez (2008) nos hablan de que la imitación surge alrededor de los tres meses para ser utilizada a lo largo de toda la vida.
Entre los cuatro y ocho meses, según explica Verdesio (2012), el niño o la niña aprende a imitar movimientos de otros que son conocidos para él, porque ya los realiza (por ejemplo abrir y cerrar la mano). Hay un último estadio a partir de los 18 meses en que ya puede alcanzar los primeros niveles de representación: el bebé además de imitar de una manera inmediata, puede hacerlo de forma diferida, o sea posteriormente y en ausencia del modelo dado.
Además Piaget, según la autora antes mencionada, ve la imitación como algo propio de la infancia, cuya utilización disminuye con la edad. Señala que está limitada a las actividades que valoran las estructuras cognitivas previas. Se trata de una imitación activa, donde el niño va dejando atrás las conductas que no presentan ningún sentido para él. En este sentido, la imitación se presenta como un comportamiento estrechamente ligado al aprendizaje.
Desde la Psicomotricidad, De Ajuriaguerra (1977) destaca  la importancia de los primeros momentos de la vida del niño y los modos de relación de la madre con su hijo, y ubica la imitación como parte de los sistemas de comunicación,  donde  expresa que “el Esquema Corporal (referencia de sí mismo) no es un dato, sino una práctica que evoluciona con la exploración y la imitación”
Wallon (1987) explica que una forma de actividad que parece implicar relaciones entre el movimiento y representación es la imitación. La define como el acto por el cual se reproduce un modelo, donde la representación del modelo es su condición necesaria, por ende el poder formar representaciones sería anterior a la imitación. Otra definición se deduce de la simple semejanza entre dos actos, si sus autores están en situación de observarse mutuamente.
Observamos que la imitación es parte del proceso de humanización. Su desarrollo evolutivo nos habla de la implicación corporal del adulto que participa de la crianza, ya sea donando un modelo, u ofreciendo posibilidades para imitar y recrear las posibilidades que en el proceso de constructividad corporal se van suscitando, creando el deseo en el niño y la necesidad de apropiarse de la cultura.
Nadel, según relata Iacoboni (2009), realizó estudios con niños con autismo, con grupos que se diferenciaban en la utilización o no de la imitación por parte del terapeuta. Concluye que los niños que interactuaron con un adulto que los imitaba desarrollaron un comportamiento social mucho mayor, participaron en el juego con mayor reciprocidad, permanecieron más cerca del adulto y buscaron más contacto físico. Basándose en esto, Iacoboni cree que cuando un terapeuta imita a sus pacientes puede estar activando sus neuronas espejo, con lo cual ayuda a que éstos sean capaces de “verlo”, literalmente. Nuestro planteo no consiste en pensar a la imitación como un acto mecánico, sino como una intervención en el momento que resulte oportuno para los destinatarios de nuestras prácticas.
En la actualidad, pensamos además el cuerpo del niño frente a la tecnología, ya que pasa horas mirando e identificándose con los personajes de la televisión o de los videojuegos. En una entrevista que Bernard Aucouturier realizó para www.revistadepsicomotricidad.com , nos señala la despersonalización que se puede producir en la imitación de estos personajes televisivos, porque entonces los niños “no son ellos en su cuerpo, ni en sus emociones ni en su subjetividad” (Alvarado y Caraballo, 2013), añadiendo que esto es un riesgo para el desarrollo de los niños más frágiles.

¿CÓMO PENSAR LA IMITACIÓN DESDE LA PSICOMOTRICIDAD?

La imitación es poner en juego mecanismos de identificación, es “reconocer que yo tengo y/o hago algo similar a ti, y por tanto, me identifico contigo, me veo en ti” (Llorca y Sánchez, 2008).
Progresivamente, el niño juega a “cosas de mayores” y disfruta enormemente al sentirse mayor, al imaginarse igual al adulto. Disfruta además al superarse en cualquier acción, al situar su cuerpo más alto o encima del cuerpo adulto, o al recibir su aprobación.
Los psicomotricistas argentinos Marini y Roldán (1996) cuando se refieren al juego y a la imitación, expresan que los niños repiten experiencias que han vivido, las imitan para poder incorporarlas, comprenderlas y sentirse dueños de ellas. Afirman que los niños no imitan cualquier cosa, sino que son selectivos tomando situaciones y personas muy cercanas a sus emociones. Es por ello que notamos que imitar y ser imitado es un acto de gran implicancia emocional.
Nuestro primer acercamiento al tema fue ubicado en los primeros intercambios madre-hijo. Ahora nos vamos acercando a otros escenarios para pensar la Imitación, como algo propio de la intervención en la práctica psicomotriz y continuar en la búsqueda, como hacía Alicia, en el País de las Maravillas. Para nosotros nuestro Conejo Blanco es la siguiente pregunta: ¿Cómo pensar la imitación desde la Psicomotricidad?

La Imitación como una Intervención Corporal.

Para Calmels (2009;35) las Intervenciones corporales son: “Estas acciones de contacto, sencillas, triviales, de la vida cotidiana, generalmente son actividades que en la práctica profesional se encuadran dentro  de lo que llamamos intervenciones corporales, aunque no los son así en la cotidianeidad de la crianza.” En este caso, nos gustaría ubicar la Imitación como una intervención corporal por parte del Psicomotricista.
Aclaramos que la imitación no es la única intervención corporal que el psicomotricista realiza en la sala, sino que pertenece a un conjunto de “estrategias que puede utilizar el Psicomotricista al entrar en el juego con el niño” (Llorca y Sánchez, 2008)
Los Psicomotricistas al intervenir corporalmente lo hacen con un estilo propio, con mucha distancia de lo repetitivo, de la copia, de la receta de un modelo o técnica. En nuestro caso podemos decir que a la hora de Imitar en una sesión lo hacemos con nuestra impronta corporal.  No hay un entrenamiento para intervenir de esta forma, hay una preparación personal y corporal que deja huella en el cuerpo del Psicomotricista y que luego se pone en acción en cada intervención.
Tal como lo entienden Llorca y Sánchez (2008) “verse imitado por el psicomotricista significa la posibilidad de verse identificado, de tomar consciencia de su ser y su estar; también significa ser alguien importante, digno de imitar por el otro”.
Esta relación de imitar y ser imitado, que acompaña al niño y la niña  durante todo el desarrollo, también tiene un efecto en el adulto. Tanto en el saber popular como en el ámbito científico existen multitud de ejemplos de cómo los adultos (especialmente aquellos que cumplen la función materna y paterna) muestran satisfacción al verse reflejados en los comportamientos de los hijos. Joan Manuel Serrat cantaba, ilustrando de un modo poético aquello de lo que venimos hablando: “A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción”.
El Psicomotricista es un profesional sensible a esta doble influencia: imitar y ser imitado. Benoît Lesage destaca la implicación del Psicomotricista en el trabajo terapéutico con un destinatario, afirma que las experiencias que allí sucedan tendrán un valor creativo para ambos. (Schojed-Ortiz, 2010).
En este juego de imitación recíproca que reproduce el diálogo entre dos cuerpos, el Psicomotricista consigue introducirse en la acción del destinatario de su práctica, adaptando su tono muscular y utilizando su gesto, su mirada, su voz: su cuerpo.  Y de pronto se encuentra interpretando un papel, en el que es necesario observar y observarse, deteniéndose en la acción, como señala Aucouturier (Sánchez, 2008).
Esta relación supone la construcción de un rol que, al analizado según nuestro esquema, puede encontrarse situado en diferentes posicionamientos:
a.En un plano vertical (con influencias del modelo clásico de enseñanza-aprendizaje)
b. En un plano horizontal respecto al otro
c. En una lucha dialéctica entre ambos planos.

Si el conjunto de actuaciones que realiza el psicomotricista hacen que lo percibamos en el primero de los posicionamientos, puede decirse que está desarrollando un rol de “enseñante” o de “mentor”, en la medida que se ofrece como guía del otro, con un objetivo de ayuda, de protección, de desarrollo, de expresión, de superación. Se percibe a sí mismo como alguien que ayuda, que enseña o provoca cambios positivos. Por ello, busca una intervención oportuna, permaneciendo atento a la subjetividad, al desarrollo de la autonomía, y sin perder de vista el derecho a jugar y crear. Produce modelos a imitar por el otro, dándole opciones y modelos alternativos que favorezcan el desarrollo. Se produce una imitación generalmente desde abajo hacia arriba (por ejemplo, cuando un niño intenta hacer el juego que vio al psicomotricista) y, a veces, de arriba hacia abajo (cuando el psicomotricista le devuelve una carcajada). Al desempeñar este papel existe el riesgo de desconsiderar todo lo que el otro tiene que enseñarnos, por pensar que conoce y comprende sus vivencias, por haber analizado su caso en profundidad haciendo multitud de observaciones o habiendo rellenado multitud de páginas de un diario de campo.
En segundo plano, y sin menosprecio de la función de “enseñante”, el Psicomotricista puede situarse en la horizontalidad, adoptando un rol de “aprendiz”, ya que en cada sesión de Psicomotricidad consigue aprender un poco más del otro, acerca de sus vivencias, su relación con el entorno físico y con el espacio-tiempo, independientemente de que se trate de un niño o un adulto. Mediante su disposición corporal recibe al otro, se vincula emocionalmente y adquiere un conocimiento profundo sobre cada relación.
Podemos imaginar casi cualquier sensación y, con ello, experimentar reacciones corporales similares a las producidas por la experiencia en sí. También somos capaces de ponernos en el lugar de los demás y comprender cómo se sienten. Pero, para sentir el calor, lo mejor es acercarse al fuego. La propuesta que conlleva asumir este rol es sencilla: imitar los gestos desde el respeto, ya que son el reflejo de sus vivencias. Estas experiencias vitales que les acompañan en todo momento son relatadas por su cuerpo, en un policromático abanico de acción y expresión, que el profesional de la psicomotricidad imita con el fin de conocerlas en profundidad (y mostrar al otro su entendimiento). El riesgo en este caso puede ser verse superado por la vivencia de emociones y perder el control respecto a los compromisos adquiridos con la persona (obviamos aquí todo lo referido a la importancia de la formación corporal, por ser un tema demasiado extenso)
En un tercer nivel (o más bien, en la integración de ambos) situamos al psicomotricista que es capaz de utilizar la imitación como una intervención corporal que lo acerca a la experiencia de la otra persona y al otro a la suya, desde lo intuitivo, y sin perder de vista sus principales funciones aseguradoras y su compromiso con el bienestar y el placer del otro. Es un proceso de diálogo bidireccional, de espejo, entendimiento y respeto mutuo, en el que está permitido pasar del eje vertical al horizontal y viceversa.

UNAS VIÑETAS PARA ILUSTRAR.

La sonrisa de Lola en el Espejo.



“Empezaron pues a bailar solemnemente alrededor de Alicia, dándole un pisotón cada vez que se acercaban demasiado y llevando el compás con las patas delanteras, mientras la Falsa Tortuga entonaba lentamente y con melancolía:”
(Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carrol)

Estamos en Buenos Aires, Argentina, donde describo el trabajo realizado con una paciente, que realiza sesiones individuales de Trabajo Corporal, dos veces por semana. Lola , tiene 72 años y decide comenzar un espacio de Psicomotricidad porque presenta una marcha lenta con malestar, pausada, levantando muy poco los pies del suelo, sin arrastrarlos, con un ritmo constante, lento e inseguro, ayudándose con ambos miembros superiores para mantener el equilibrio y para poder encontrar un apoyo en caso de ser necesario. Tiene osteoporosis en la rodilla izquierda lo que provoca que el apoyo sobre la base de sustentación izquierda se dé con dificultad. Además presenta insuficiencia venosa en ambas piernas.
Sus días transcurren sus días en su casa, no sale mucho a la calle por sus dolores en sus miembros inferiores. Desde el primer momento que comenzamos con la propuesta de Trabajo Corporal en Psicomotricidad mostró una actitud disponible.
La gestualidad en la cara, en primera instancia, expresa seriedad, ligada al dolor y malestar. Pero sorprende cuando ríe a carcajadas mostrando una sonrisa amplia.
A nivel del eje, su postura deja ver su columna encorvada hacia adelante, hace gestos de malestar y ubicando una de sus manos en la zona lumbar de  la espalda cada vez que habla de esa zona. El cuerpo de Lola se hace presente en su discurso a través del dolor y eso se traduce en la tensión alojada en la musculatura facial y en la zona de los hombros y área cervical.
Al comenzar la intervención, se  plantean algunos objetivos: Ofrecer un espacio y un tiempo para poder transitar distintas experiencias corporales: posturas, movimientos, fluctuaciones tónicas, ritmos y pausas. Favorecer las posibilidades de movimiento para propiciar placer y bienestar. Y poder vivenciar, remitiendo a su historia personal, a través de la palabra y el trabajo corporal, a  experiencias corporales anteriores al espacio de Psicomotricidad.

La Imitación en el Trabajo corporal con Lola.

Con música de René Aubry comenzamos con una caminata por el espacio. Las dos nos desplazamos con una marcha lenta y pausada con registros de la postura, puntos de apoyo y acompañando con respiraciones profundas en las pausas. Ambas compartimos el mismo ritmo de caminata, hay una acomodación y entre ambas, observándonos  podemos caminar a la par.
Luego propongo caminar lejos una de la otra, si yo me acerco ella debe alejarse buscando regular la distancia entre los cuerpos en el espacio.
Después propongo que esta marcha se realice lo más cerca una de la otra, le pregunto cómo podemos hacer para que esto ocurra, me responde que juntemos nuestros brazos y caminemos haciendo contacto. Imito su ritmo, ella me lleva por el espacio, juntas hacemos una pausa , propongo registrar puntos de apoyo, postura y respiración. Después le digo que tenemos que caminar lo más cerca posible, entonces propone juntar nuestras espaldas. Ella camina hacia adelante hacemos contacto espalda con espalda. Por otro lado se percibe la temperatura del contacto y la marcha se inicia, vuelvo a imitar la ritmicidad del caminar de Lola.
En un momento Lola dice que le gusta lo que estamos haciendo. Pasado esa caminata, comenzamos a hacer unos estiramientos, imaginado que hay una soga colgada del techo que está en la misma línea del eje corporal, donde hay que trepar imaginariamente.
Después llegando al final, propongo rotaciones del cuello y luego de las articulaciones de los hombros, me dice que ella hace esto todas las mañana porque lo aprendió en yoga. Le pido que me muestre cómo hace. Y voy haciendo con ella sus ejercicios matutinos a modo de espejo, me comenta que en la soledad de su casa, eleva ambos hombros y al bajarlos, acompaña el movimiento con la frase: “A mí no me importa el dolor”, yo repito la frase y el movimiento junto con ella  (repetir = imitar) tres veces: “A mí no me importa el dolor”.
Lola se detiene, me mira, hace una pausa luego, al verse imitada en sus gestos, su frase y su actitud empieza a reírse a carcajadas, cambiando completamente su gestualidad de seriedad, y me abraza súbitamente, yo me sorprendo  y también sonrío.
La risa de Lola acompaña una nueva forma de transitar el trabajo corporal, y en su abrazo pude percibir esa sensación de placer. En este primer encuentro surgieron las sonrisas y risas, con gestos que nos conectaron a ambas desde otro lugar: la proximidad del abrazo y la risa, todo luego de la Imitación.

        



La búsqueda junto a Alicia.


“Muy bien. Pues en tal caso - siguió su razonamiento el Gato- , ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco”.

Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carrol.

Para este apartado, hemos querido trasladarnos a otro contexto totalmente diferente, para situar a la imitación en un espacio a miles de kilómetros de distancia de Buenos Aires. La intervención tiene lugar el municipio de Adeje, en la isla de Tenerife (Islas Canarias, España). Este municipio cuenta con importantes servicios para atender a la Diversidad, disponiendo de varios equipos multidisciplinares que intervienen en todas las edades, en los ámbitos sanitario, educativo y comunitario.
Cuando conocí a Alicia, me pareció delicada, frágil. Una mirada huidiza oculta tras unas gafas de pasta rosa y el pelo alborotado, fruto de un día escolar agitado. Con sólo 8 años, muy delgada, no parecía contener en su cuerpo la enorme actividad que luego me demostró. Al conocerme se mostró cabizbaja, a la defensiva y, cuando vio por vez primera a sus compañeros de grupo, permaneció totalmente alerta, como asustada.
Desde el comienzo se mostró muy insegura, apegada al objeto, con una gran dificultad para detener su cuerpo o relajarlo. Sus extremidades no paran de moverse. Siempre está muy activa. Una mirada más detenida nos descubre que su cuerpo no es tan delicado, sino atlético, con un tono muscular muy elevado.
Busca continuamente experimentar con su cuerpo lo sensoriomotriz, a través de acciones muy rápidas, pero poco armónicas, discontinuas y asimétricas. Aunque despliega un gran repertorio de acciones, da la sensación de no finalizar lo que empieza, ya que realiza numerosas interrupciones y cambios en su forma de moverse, a la vez que su conducta es cada vez más agresiva y se desencadenan expresiones de rabia cada vez más intensas.
Las relaciones con los demás están llenas de conflictos, a nivel físico y verbal, tanto con los adultos como con los iguales. Esto la lleva generalmente a sentir angustia y a la necesidad de buscar a alguien que la ayude a encontrar sus límites corporales, mediante un clima de contención afectiva, muchas veces siendo necesario abrazarla físicamente hasta que consigue calmarse.

         Algunos objetivos de Intervención con Alicia.

Tras las primeras observaciones me planteé los siguientes objetivos:

* Favorecer la narración corporal de las vivencias que están provocando padecimiento o bloqueos emocionales.
* Ofrecer la oportunidad de dar un significado no culpabilizador a los sentimientos de agresividad y a la rabia como emoción.
* Permitir la identificación y expresión de sentimientos, especialmente de la ira.
* Favorecer relaciones intrapersonales satisfactorias con otras personas de edades similares.
* Construir vínculos positivos y seguros con el adulto.

La Imitación en el Trabajo corporal con Alicia.

En cada sesión, trato de situarme en la disponibilidad hacia la niña, de escuchar lo que su cuerpo quiere relatar. Se dirige en primer lugar hacia objetos blandos y grandes, para golpearlos y desahogar su agresividad. Se muestra sádica, verbalizando sus castigos. Pero Alicia no tarda en buscarme, necesita confrontar con alguien que se oponga a sus descargas y las entienda. Entonces le devuelvo sus gestos, como un espejo. Ella pasa del enfado a la risa, y de la risa al enfado, en ciclos cada vez más intensos. Imitarla, requiere un esfuerzo físico y psicológico: ella corre, salta, cambia de actividad, siempre pendiente de que yo la siga. Si dejo de imitarla, me busca con la voz, con la mirada, con el gesto. La niña encuentra un espejo donde verse, medirse, conocerse y aprender a regularse. Yo aprendo de su movimiento y de su tono, experimentando en mi propio cuerpo el aumento del ritmo cardíaco, la sudoración, la tensión en los músculos, un tono de voz más fuerte, la expresión de la agresividad y el peso de sus vivencias.
En este estado, no pasivo, soy consciente de la importancia del trabajo corporal en Psicomotricidad, para poder ofrecer en cada momento una respuesta apropiada sin que me influyan las variaciones provocadas en mí. La imitación en este caso, no es una reproducción perfecta de la otra parte, sino un conjunto de acciones que me sitúan en un plano similar al de la niña, para entender cómo se siente, para ofrecerle una respuesta desde un tono cercano al suyo, y estar alerta para poder darle alternativas, o para contenerla desde la afectividad.
Alicia muchas veces finaliza riendo o sonriendo, mucho más distendida y aceptando el contacto físico.

REFLEXIÓN FINAL.

Resumiendo, hemos realizado un recorrido por diferentes contextos para llegar a algunas conclusiones sobre el concepto de “imitación”. Desde los primeros apartados, la situamos como una forma de actuar de gran relevancia, presente en el saber popular, en el ámbito científico-filosófico y en el Arte.  A continuación, la búsqueda nos llevó a un nivel de concreción mayor, hacia lo específico de la imitación en lo psicomotriz, definiéndola como una forma de intervención corporal. Además, observamos diferentes formas de realizar esta imitación, según el papel que tome el psicomotricista, quien otorga a esta imitación diferentes características. Para terminar de analizar el concepto, hemos querido acercarles a nuestra propia práctica profesional, a través de observaciones de casos que puedan clarificar y aportar información a estas conclusiones.
Del primer análisis podemos deducir la importancia de la imitación en la construcción de la persona, desde las primeras etapas del desarrollo, siendo los juegos de imitación una forma natural de aprendizaje y una forma de relacionarse en sí misma.  Este simple hecho justifica que sea un tema de interés para la Psicomotricidad, ya que, según la FAPee, “la psicomotricidad es una disciplina que, basándose en una concepción integral del ser humano, se ocupa de la interacción que se establece entre el conocimiento, la emoción, el cuerpo y el movimiento y de su importancia para el desarrollo de la persona, así como de su capacidad para expresarse y relacionarse en un contexto social”.
Pero, además, la imitación cobra interés en el desarrollo por ser un proceso bidireccional. Es decir, provoca cambios en el imitador y en el imitado. A diferencia de otros enfoques que también pueden interesarse por la imitación, queremos resaltar que para nuestra profesión no debe entenderse como un acto mecánico, o un hecho observable desde la distancia, sino como parte de una intervención oportuna dirigida a favorecer las necesidades de la persona a la que como profesionales estamos atendiendo.  Siguiendo este razonamiento y en el contexto  específico de la Psicomotricidad, entendemos que la imitación es  una intervención corporal por parte del psicomotricista.
En lo más básico, la imitación es una invitación a que la acción continúe; una invitación a jugar, un gesto cómplice que anima al otro a continuar sin miedo. Es también una provocación al otro, para crear nuevas manifestaciones corporales. Es una forma de provocar reacciones tan viscerales como la risa, o la ira, que en ocasiones se han visto bloqueadas.
Imitando se da un nuevo valor a los gestos, a las posturas y actitudes. Se imita aquello que de alguna manera es propuesto por el otro, se lo resignifica y sale transformado en una escena nueva, de modo de tal que ambos podemos decir que el espacio de Psicomotricidad es un espacio de creación. De aquí derivamos que de la imitación surgen creaciones nuevas.
Tras la intervención con Lola, surgen sonrisas y risas y sensaciones de placer en ambas, provocadas por el trabajo corporal de la psicomotricista que en varias ocasiones utiliza la imitación, provocando las reacciones que hemos mencionado en párrafos anteriores. Tras la imitación, se produce una situación nueva y una forma diferente de transitar la relación con cambios notables en ambas. Como se puede apreciar en este ejemplo, esta intervención no es exclusiva para la infancia, sino que es apropiada para todas las edades. En personas mayores, la imitación les proporciona la oportunidad de conectar con la emoción, con reacciones viscerales que las ayuden a revivir situaciones y a resignificar su momento vital.
Sobre todo, la imitación es un ofrecimiento especular para que el otro se encuentre con su propio cuerpo. Nuestro cuerpo se construye a partir del encuentro con el otro, y viceversa. En cada relación con el otro podemos ver reflejada nuestras acciones, a la vez que cada acción del otro deja un reflejo en nosotros. Imitar es, por lo tanto, una forma particular de favorecer al otro que se “vea”.
Por último, pensamos que con la utilización de la imitación se consigue algo más que una influencia mutua. El psicomotricista, además, viviendo la experiencia corporal del otro, ve afectada su manera de mirar. Se somete a sí mismo a un esfuerzo corporal para intentar reflejar el cuerpo del otro de la manera más fiel posible. Creemos que imitar el gesto, la postura y las emociones del otro provoca cambios en la manera de “mirar” del psicomotricista y, por lo tanto, en su manera de intervenir. No obstante, es necesario advertir que aunque el profesional pueda experimentar estos cambios, la intervención tiene que seguir presentando unos fines. Es decir, no se trata de dejarse llevar sin rumbo hacia la emoción del otro, sino conocerla para poder ofrecerle el apoyo necesario. Para sostener este argumento nos apoyamos en la experiencia, y hemos elegido las observaciones en las sesiones de Alicia porque reflejan esta doble influencia.
Las posibilidades de investigación que se derivan de estas reflexiones son numerosas y consideramos que el tema es de alta relevancia para los psicomotricistas. Por lo tanto queda abierta la posibilidad de continuar ampliando y reflexionando.
        

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Calmels, D. (2009) Infancias del Cuerpo . Ediciones Puerto Creativo, Buenos Aires,Argentina
De Ajuriaguerra, J. (1977). Manual de Psiquiatría Infantil. Barcelona: Toray-masson.
Iacoboni, M. (2009). Las Neuronas Espejo. Madrid: Katz Editores.
Llorca y Sánchez (2008). Recursos y Estrategias en Psicomotricidad.  Málaga: Aljibe.
Marini, C. y Roldán, E. (1996). La disponibilidad corporal en el Jugar. Un ofrecimiento posible. II Congreso Argentino de Prácticas Institucionales con niños y adolescentes. Buenos Aires
Ravera Verdesio, C. (2012). Clínica Psicomotriz del bebé. Favoreciendo desde el abordaje la construcción subjetiva del bebé con compromiso en su desarrollo. Montevideo: Imprenta Paulo De  Los Santos.
Schojed-Ortiz (2010) Psicomotricidad: Caminos y Herramientas para la intervención. Buenos Aires: Editorial El Lugar
Wallon (1987). Del acto al pensamiento. Buenos Aires: Editorial Psique.

FUENTES ELECTRÓNICAS


Alvarado, M. y Caraballo, C. (2013). El Niño Terrible deja La Escuela y viaja a Latinoamérica. Entrevista a Bernard Aucouturier.
www.revistadepsicomotricidad.com. Extraído de www.revistadepsicomotricidad.com/2013/06/el-nino-terrible-deja-la-escuela-y.html


Este texto fue escrito por Mady Alvarado de Buenos Aires, Argentina y por Carlos Caraballo de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, España para www.revistadepsicomotricidad.com
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